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La torta, todo cabe en un pan

La torta, todo cabe en un pan

El reloj marca las 7:00 am y una nueva mañana en la Ciudad de México, sus calles son lo que se conoce localmente como una colmena; todos tienen prisa y todos quieren llegar a tiempo. El desayuno ha quedado atrás, ya no hay tiempo para ello. Una madre apura a su hijo y un oficinista corre entre la gente. En este escenario emergen los puestos de las conocidas tortas de tamal, un snack exclusivo de las calles de la capital mexicana. Dos panes abiertos por la mitad envuelven un tamal con salsa verde. Los capitalinos no necesitan más para paliar el hambre.

El emparedado de tamal nació en esta ciudad como respuesta a la prisa con la que se mueven los transeúntes. Es barato, es práctico, puedes comer mientras caminas y, por su carga de hidratos de carbono, aplaca el hambre y te da energía para el resto del día. Pocas cosas sorprenden más al llegar a la gran capital de México que ver en las calles su gastronomía, esa que recuerda todo lo que hay, el ruido, las grandes avenidas, el alto costo de la vida, la nostalgia por su historia, las calles con cientos de caminantes. En las listas de los peores platos del mundo que circulan por internet, este bocadillo se ha ganado su hueco. Esto les importa poco a los habitantes de la Ciudad de México quienes aseguran que el resto del mundo juzga mal a uno de sus platillos callejeros estrella.

Pero hay todo tipo de tortas, no solo tamales. En ellos hay cultura y tradición atrapada entre dos panes; los hay a todas horas y de todos los ingredientes; Son consumidas por trabajadores y estudiantes, mientras se sirven en restaurantes de renombre. Eso cambia? Poco o nada, la torta conserva su esencia en todos lados y sin importar la clase, sin embargo, es en las calles donde alcanza la perfección. En el barrio, en los tenderetes, en la tortería de la esquina, en la acera… Siempre estarán ahí dispuestos a mimar al comensal de a pie que puede prescindir de muchas cosas, pero no de una buena tarta.

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