Miseria y política: la interminable tragedia del cólera en Haití
Los aguadores trabajan hoy en silencio en Port-au-Prince. Es viernes, los niños están en clase y las multitudes no comenzarán hasta mañana temprano. En enormes baldes blancos que alguna vez almacenaron pintura, llevan agua de una tubería, un trozo de plástico blanco, del ancho de la trompa de un elefante, que surge entre las raíces de un árbol, directamente desde la pared del cerro. “Esa agua está limpia”, dice Richie Alexei, de 22 años, mientras espera su turno para cargar.La confianza de Alexei en la frescura del agua carece de base teórica. Él confía, sin embargo, en la experiencia de…




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