Explorar la Ciudad de México o cualquier urbe del altiplano suele resultar fascinante: clima suave, abundancia cultural y escenarios singulares. Aun así, la altura altera la respuesta del organismo y puede generar molestias que van de ligeras a severas. Este texto detalla por qué sucede, quiénes tienen mayor vulnerabilidad, cómo evitarlo, qué acciones tomar si surge y ejemplos prácticos para viajes habituales dentro de México y en regiones andinas de gran altitud.
Conceptos fisiológicos básicos: ¿de qué manera influye la altitud?
A mayor elevación, la presión barométrica baja y con ello también desciende la presión parcial de oxígeno presente en el aire, por lo que el organismo obtiene menos oxígeno en cada inhalación y debe ajustarse: la respiración se acelera, el ritmo cardíaco se eleva y, con el paso del tiempo, surgen modificaciones ventilatorias y hematológicas; estos procesos de adaptación toman desde horas hasta varios días, y la velocidad de ascenso junto con la altura alcanzada influyen directamente en el riesgo de presentar malestar.
Referencias de altitud (muestras)
- Ciudad de México: ≈ 2.240 m
- Toluca (Estado de México): ≈ 2.680 m
- Pachuca (Hidalgo): ≈ 2.400 m
- Puebla: ≈ 2.135 m
- Zacatecas: ≈ 2.440 m
- Querétaro: ≈ 1.820 m (riesgo relativamente menor)
- Ejemplos andinos: Bogotá ≈ 2.640 m, Quito ≈ 2.850 m, La Paz ≈ 3.650 m
Síntomas y cuadros clínicos
- Mal agudo de montaña (MAM o AMS): cefalea de nuevo inicio, náuseas o vómitos, mareo, fatiga, dificultad para dormir. Aparece típicamente entre 6 y 24 horas tras la ascensión.
- Edema pulmonar de altura (HAPE): disnea progresiva, dificultad respiratoria al esfuerzo que avanza a reposo, tos productiva con esputo rosado, estertores. Es potencialmente mortal.
- Edema cerebral de altura (HACE): alteración del comportamiento, pérdida de coordinación (ataxia), confusión, somnolencia extrema; requiere descenso inmediato.
Factores de riesgo
- Ascensos muy rápidos desde zonas al nivel del mar hacia altitudes superiores a 2.500–3.000 m.
- Altitud previa antes de iniciar la subida: quienes llegan desde regiones costeras suelen contar con menor aclimatación.
- Antecedentes personales de mal de altura.
- Ingesta de alcohol, sedantes o medicamentos para dormir.
- Presencia de enfermedades cardíacas o respiratorias, anemia o embarazo (se recomienda consultar al médico).
- Personas jóvenes que realizan actividad física intensa justo después de llegar.
Medidas útiles de prevención antes y durante el viaje
- Planifica el ascenso: llegar a la altitud gradualmente. Siempre que sea posible, pasar una noche intermedia a menor altura o dividir el viaje para ganar tolerancia.
- Período inicial de adaptación: en 2.000–2.500 m, reservar 24–48 horas de actividad ligera; en 3.000–4.000 m, considerar 2–4 días antes de hacer esfuerzos intensos.
- Hidratación y alimentación: beber con regularidad (no esperar sed), evitar diuréticos innecesarios, preferir comidas ligeras y ricas en carbohidratos los primeros días.
- Evitar alcohol y sedantes las primeras 24–48 horas; reducen la respiración y empeoran la hipoxia nocturna.
- Subir despacio una vez por encima de 3.000 m: regla práctica, no más de 300–500 m de incremento de altura por día y un día de descanso cada 3–4 días de avance.
- Uso de medicamentos profilácticos: la acetazolamida (dosis típica 125–250 mg cada 12 horas) puede recomendarse para prevenir MAM en ascensos rápidos. Iniciar 24 horas antes del ascenso y continuar 48 horas después de alcanzar la altitud más alta o mientras exista riesgo. Consultar al médico por alergias a las sulfonamidas o condiciones médicas.
- Oxímetro de pulso: útil para viajeros con enfermedades crónicas; valores de saturación de oxígeno suelen bajar 5–10% respecto al nivel del mar. No sustituye evaluación médica.
Cómo actuar cuando surgen síntomas
- Síntomas leves (cefalea leve, náuseas, insomnio, fatiga): descansar, tomar analgésicos como paracetamol o ibuprofeno, mantener una adecuada hidratación y reducir la actividad física. Controlar la evolución.
- Si los síntomas avanzan o se intensifican: descender entre 300 y 1.000 m, administrar oxígeno si es posible y buscar valoración médica.
- Ante sospecha de HAPE o HACE: descender sin demora y solicitar atención de urgencia. Proporcionar oxígeno, evitar sedantes y organizar la evacuación rápidamente.
- Uso terapéutico de acetazolamida: contribuye a optimizar la ventilación; un profesional debe definir dosis y duración. La dexametasona (4 mg cada 6–12 horas) se emplea en HACE o como opción cuando el descenso no es posible, siempre con supervisión médica.
Consejos prácticos por situación y ciudad
- Ciudad de México (≈2.240 m): la mayoría de los viajeros únicamente experimenta molestias leves, como respiración acelerada al subir escaleras o dolor de cabeza. Sugerencia: dedicar el primer día a actividades suaves, no consumir alcohol la primera noche y procurar un buen descanso.
- Toluca y Zacatecas (≈2.600–2.700 m): aquí aumenta la posibilidad de presentar MAM. Conviene reservar una jornada para aclimatarse antes de realizar rutas hacia alturas mayores; se puede valorar acetazolamida si se asciende desde zonas bajas de forma veloz.
- Pachuca y Puebla (≈2.100–2.400 m): condiciones parecidas a las de Ciudad de México; conviene estar atento si se planea subir cerros o partir de inmediato hacia regiones más elevadas.
- Viajes a altiplanos andinos (Quito, Bogotá, La Paz): las alturas en estas ciudades son superiores y el riesgo también. Es recomendable subir con mayor lentitud, incluir días de adaptación y, cuando corresponda, considerar medidas farmacológicas preventivas.
- Viajeros con asma o cardiopatías: llevar consigo inhaladores y la medicación habitual, además de consultar previamente al cardiólogo o neumólogo; ciertos pacientes podrían requerir ajustes en el tratamiento o evitar incrementos rápidos de altitud.
Equipaje y medicamentos recomendados
- Botiquín básico: paracetamol, ibuprofeno, antieméticos si suelen marearse, vendas y antiséptico.
- Acetazolamida: solo si su médico la prescribe.
- Inhalador de rescate para asmáticos; documentación médica y números de emergencia locales.
- Oxímetro de pulso portátil, si tiene enfermedad crónica o desea monitorizar saturación.
- Seguro de viaje con cobertura de evacuación en altitud para viajes extensos a zonas remotas.
Casos ilustrativos
- Viajero A, que arriba desde el nivel del mar a Ciudad de México, experimenta dolor de cabeza y fatiga durante su primera noche. Optó por descansar, mantenerse bien hidratado y tomar paracetamol; al día siguiente ya podía realizar actividades turísticas ligeras. Interpretación: MAM leve controlado con medidas básicas.
- Viajera B asciende de Ciudad de México a Toluca en una sola jornada y, para el segundo día, desarrolla tos, respiración acelerada en reposo y marcada debilidad. Es trasladada a una altitud menor y recibe oxígeno; diagnóstico: HAPE leve. Evolución positiva tras el descenso y la atención recibida.
- La Familia C viaja a Quito y organiza un periodo de aclimatación: el primer día lo dedican al descanso, el segundo a caminatas tranquilas y el tercero a una salida de intensidad moderada. Prevención efectiva mediante un ascenso progresivo.
Datos orientativos y expectativas
- Riesgo de malestar aumenta notablemente por encima de 2.500–3.000 m, aunque algunos síntomas pueden aparecer ya en 2.000–2.500 m.
- La mayoría de casos en 2.000–2.500 m son leves y responden a reposo y analgesia; casos graves son menos frecuentes pero requieren actuación inmediata.
- Saturación de oxígeno: se espera una caída relativa conforme aumenta la altitud; valores aislados deben interpretarse según síntomas y antecedentes del viajero.
Recomendaciones finales para el viajero
- Infórmese sobre la altitud del lugar al que viaja y organice algunos días para aclimatarse.
- Al llegar, reduzca actividades extenuantes y evite el alcohol; manténgase bien hidratado y descanse adecuadamente.
- Consulte a su médico si padece alguna cardiopatía, afección pulmonar, anemia, está embarazada o ya experimentó MAM en el pasado.
- Tenga a mano sus informes médicos y los fármacos indicados; valore llevar un oxímetro si convive con enfermedades crónicas.
- Si los síntomas persisten o se agravan, descienda cuanto antes y solicite atención médica urgente.
Para viajeros, guías y organizadores: la clave es respetar el tiempo de adaptación y reconocer señales de alarma. Manejar la altura combina planificación, medidas sencillas (agua, descanso, ascenso gradual) y, cuando procede, apoyo

