La torre morada | Opinión
Hubo un junio y muchos en los que el largo y tortuoso camino solitario me llevó al nido en San José de Gracia, Michoacán. Allí me recibieron don Luis y doña Armida todas las tardes de aquel junio y casi todos los meses durante muchos años, a veces con seis o sólo dos de sus hijos, una fila de gatos y Evelia revoloteando en una cocina tan vieja que parecía un lugar de cocinar platos pasados. Mi Maestro con mayúscula siempre saludaba con "¿Qué nueva noticia?", y estaba serio cuando comencé a depositar en la palabra peluquero de su esposa…






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