La muerte de una laguna en Hidalgo muestra el flagelo de la sobreexplotación y la crisis climática
La laguna de Metztitlán se ha secado. Sus profundidades han quedado expuestas como entrañas que se descomponen al sol. Cuesta imaginar que un embalse de 3.000 kilómetros cuadrados se haya reducido a un minúsculo arroyo que nace de un manantial moribundo, se abre paso por el suelo y unos metros más tarde vuelve a las capas subterráneas a través de una grieta. Hace 375 millones de años, la especie primigenia salió de un cuerpo de agua similar a este, aunque más salvaje, más violento, y pobló la Tierra. Ahora puedes volver a la antigua cuna y caminar sobre sus suelos…






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